LA NOCHE DE LOS NAHUALES || Benjamín M. Ramírez

 

EL CINISMO DE LA PARTIDOCRACIA ORGANIZADA

 

En el país las casualidades son inoportunas, inofensivas e ilusorias. Todo viene de la nada y de la generación espontánea, sin un porqué, sin razón y sin raíces. Es por eso que las alianzas cínicas que se tejen alrededor de los partidos con mayor presencia e historia en el país cobran vital importancia.

Estas alianzas contra natura, contra la naturaleza, avalan lo que el ciudadano siempre ha sospechado: son los mismos de siempre, los que se pasan la estafeta del poder, de mano en mano, de familia en familia, de grupo a grupo para evitar que los otros puedan hacerse de lo que les ha pertenecido durante décadas, el poder, el control, y con ello, la riqueza. Lejos queda el sueño de los ilustrados, el del contrato social, el de la división de poderes.

Puedo suponer que los grupos hegemónicos controlan todos los estratos en los que se toman las decisiones cruciales para el país, incluso para el mundo entero, corporaciones sin límites que todo lo poseen y que determinan los derroteros de las mayorías, bajo un control direccionado y dirigido de forma somera para no levantar sospechas.

De manera particular, me llamó poderosamente la atención que MORENA haya incluido entre los funcionarios de alto nivel a renombrados panistas que, antaño, despotricaban vehementemente en contra del Jefe del Ejecutivo mientras éste andaba en campaña en su afán de conseguir la primera magistratura, pero el poder todo lo sana y lo purifica.

Tales oprobios han quedado resarcidos y en el olvido. Así, panistas, priístas y de otras filias partidistas, de centro o de derecha, permanecen dentro de la nómina oficial amamantando o amamantándose de la ubre pública para beneficio del grupo al que pertenecen.

Lo que pretendían mantener oculto hoy se revela en todas sus dimensiones: son los mismos y no les da vergüenza. La alianza entre el PAN, PRI, PRD y otras instituciones políticas de menor calado se unen en su afán de detentar lo que por principio y por derecho les corresponde. Ellos llegaron primero y saben cómo hacerlo.

Lejos quedan las plataformas inscritas en su declaración de principios y estatutos políticos que han dado origen a cada uno de lo que fueran, acérrimos rivales —por fuera—, no al interior de sus ambiciones, personales o institucionales; instituciones que pregonaron jamás ir de la mano con los contrarios porque en ellos estaban la honestidad, la honradez y un alto valor de pertenencia.

Ahora me gustaría pensar lo que haría —de cara a las alianzas con miras al 2021— el más grande de los dirigentes de izquierda, don Heberto Castillo Martínez o el líder por antonomasia de Acción Nacional, Maquío. Ellos pudieron permanecer incólumes y prístinos, transparentes y sobrios, frente a la tentación del poder para acabar con la institución que llevaban encima: hombres a cabalidad motivados por el bien común y por principios que no se pierden frente al embute o por amenazas.

No dudo, porque así es, que en cada institución con presencia histórica, y aún en las instituciones políticas de reciente registro, tengan entre sus filas a militantes con suma honestidad, bajo la bandera de sus principios y estatutos.

Sin embargo, o tendrán que abandonar las filas una vez que descubran las ambiciones soterradas de las dirigencias cupulares que pactan —ya no en el umbral o en lo oscuro— sino a todas luces, poniendo de manifiesto lo que verdaderamente les da pie para mantenerse en la vida pública, sus ansias y ambiciones insatisfechas de poder, o serán sometidos o se someterán por voluntad propia a incursionar por el mismo camino trazado de quienes dirigen los destinos ya tergiversados y mancillados de cada institución, en la búsqueda de los cotos de poder.

Así queda de manifiesto que en las filas de MORENA se encuentran quienes han estado ahí por siempre, asesorando, dirigiendo, tomando decisiones cruciales para la vida pública que atañe a propios y extraños, ocupando una función pública acordado bajo cláusulas que solamente ellos conocen, bajo circunstancias veladas para los neófitos de la Res Publica, y programada en la agenda oculta de los destinos de este pedazo de suelo.

En Baja California, lo mismo que en otros estados, la alianza cobra sus verdaderos matices que los ha caracterizado por siempre y que era imposible imaginarlo. Ayer se aliaron bajo un pacto, en otro momento fueron coptados para sumarse a los trabajos de manera institucionalizada. Los reacios, quienes no siguieron el juego, fueron denigrados y reducidos con el sambenito a cuestas, pagando con la vida misma su terquedad y su adherencia a sus principios, si no de su ideología, sí de lo que le da valor a cada persona, su integridad.

Me cuesta imaginar el cómo se definirán las candidaturas, si pondrán al mejor posicionado en las encuestas o se repartirán el botín electoral, cual facinerosos y malhechores, después de haber conseguido lo que por natura les pertenece, la rapacidad.

Sin duda, frente a las cínicas, impúdicas e insolentes alianzas de los antes enemigos irreconciliables, queda la reflexión ciudadana para develar lo que a todas luces se hace presente: no votaremos por el menos peor, por el malo por conocido, sino por aquel que demuestra un genuino interés por el bien común.

Frente a la alianza cínica de la partidocracia organizada, MORENA enfrentará un gran reto: convencer al electorado sobre la postulación de sus mejores perfiles, del trabajo bajo la bandera de la 4T, y que ahora no hay una ola irresistible cuyo nombre esté impreso en la boleta electoral.

No habrá efecto AMLO.