Transiciones|| Víctor Alejandro Espinoza

Dos malas noticias

Uno de los problemas que enfrenta la oposición política en México es que se ha convertido en una oposición reaccionaria y nada propositiva. Es reaccionaria porque hasta ahora su actitud ha sido solamente reaccionar a lo que va proponiendo o haciendo el gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
Los adversarios (y enemigos) del gobierno lopezobradorista no han sido capaces de presentar un proyecto alternativo que permita aglutinar no solo a la clase política opositora, sino permear a la ciudadanía, lo que permitiría lograr el apoyo en las urnas. Su actividad se circunscribe a las redes sociales y a la editorialización de sus fijaciones en las grandes empresas privadas de televisión y radio; pero no es suficiente como para pensar en una amplia derrota de Morena en 2021 y menos en 2024.
Quizás esta carencia de proyecto se deba a que los partidos políticos que hoy se asumen como de oposición (incluso hay un grupo que se autodenomina la auténtica “izquierda democrática”) en realidad fueron gobierno hasta el año 2018. Sobre todo, PAN y PRI alternaron por décadas el poder y compartieron el mismo proyecto ideológico y político y eso les impidió imaginarse vivir al margen del usufructo del poder gubernamental, mucho menos aprender a ser oposición creativa y propositiva. Hoy sufren esas carencias y lo único que hacen es reaccionar a lo que hace o deja de hacer AMLO.
Dos asuntos documentan esta paradoja de ser oposición pero no saber cómo se ejerce ese papel y menos cuáles son las vías para aglutinar el apoyo ciudadano que los lleve a recuperar el poder. Y sólo me detengo en dos ejemplos que muestran las limitaciones de su actuar; desde luego abundan. El primero de ellos es el que tiene que ver con las elecciones presidenciales en Estados Unidos. El segundo, el de la pandemia del COVID-19 y sus prescripciones para resolver el problema en ocho semanas.
Conforme se fueron dando los resultados electorales al cierre de los centros de votación el pasado 3 de noviembre; aparecieron encuestas que marcaban las tendencias favorables al candidato demócrata presidencial Joe Biden. Como sabemos se requerían 270 votos en el Colegio Electoral para ganar la elección. AMLO decidió felicitar al candidato ganador una vez que el Colegio Electoral diera a conocer oficialmente al futuro presidente. Esto debía suceder el 14 de diciembre. Sin embargo, para la oposición mexicana la dilación en la felicitación traería graves consecuencias para la relación bilateral. Fueron semanas de esgrimir este argumento y vaticinar el peor de los escenarios posibles. Finalmente, en la mañana del 15 de diciembre se difundió la carta de AMLO dirigida el presidente electo.
Cuatro días después conversaron los dos presidentes y declararon que se iniciaba una nueva era en la relación bilateral y que trabajarán de manera conjunta para solucionar los problemas de Centroamérica y lograr arraigar a las poblaciones en su lugar de residencia para evitar el drama migratorio. “Buenas noticias” asentó el canciller Marcelo Ebrard. La oposición de nuevo se quedaba sin tema.
El otro asunto referido es el de la pandemia. Recientemente un grupo de 6 ex secretarios de Salud, difundieron un trabajo en el que sostenían que la estrategia del gobierno federal frente a la crisis del COVID-19 era equivocada y que si les hacían caso en 8 semanas la resolvían. Toda su propuesta se resumía en lo que ya se ha reiterado: sana distancia, lavarse las manos, uso de cubrebocas y millones de pruebas de detección. Nada nuevo o nada que no se haya difundido.

Uno de estos sabios es el ex secretario de salud en los tiempos de Felipe Calderón, Salomón Chertorivski Woldenberg. Sin formación en medicina y menos en epidemiología, es licenciado y maestro en economía del ITAM y doctor en política pública por la Universidad de Harvard; ha sido uno de los más mediáticos y veleidosos. Recientemente decidió sumarse a Movimiento Ciudadano y buscar una candidatura a diputado federal. La paradoja es que este domingo 20 de diciembre anunció que había dado positivo a la prueba de COVID-19. El crítico de la estrategia gubernamental y quien decía tenía la fórmula para “domar al virus”, no había podido resolver su propio caso. Sin duda, se trata de un “balazo al pie” de una oposición sin proyecto.