LA NOCHE DE LOS NAHUALES || Benjamín M. Ramírez

ESCUELA DISTANTE

Noté la preocupación en su rostro mientras escogía las libretas de menor precio. Un lápiz, bolígrafo, sacapuntas, una cajita de colores y otros útiles escolares constituyó el mandado. — ¿Y mi uniforme? –Preguntó la pequeña que la acompañaba–. —También faltan mis zapatos, —aseveró de nuevo.

La historia se repitió en los últimos días ante la arenga del Presidente de la República de “Llueve, truene o relampaguee”,  pero regresemos a la escuela, seguros.

Pasaron muchos días antes de tener frente a mí a grupos reducidos de estudiantes para impartirles el curso de nivelación académica, diez era el número máximo en el aforo de personas permitidas en cada sesión.

La experiencia en sí misma resultó nueva, como en cada inicio de clases. El reglamento escolar, la estabilidad emocional y alguna información relevante fueron temas que se abordaron durante el curso.

«—Tengo miedo de asistir a clases de manera presencial —manifestó una jovencita después lanzar la pregunta.

«—Quiero que se reanuden las clases —afirmó otra de las asistentes.

Imagino la cantidad de recursos y adaptaciones tecnológicas que habrán ejecutado las escuelas privadas para atender a los alumnos de manera híbrida: la instalación de monitores, equipo de cómputo, servicio de internet de alta velocidad, proyectores, filtros sanitarios, personal de apoyo, insumos y otros requerimientos para un regreso seguro en la modalidad híbrida.

Para insistir en el regreso seguro a las aulas los maestros han sido convocados a realizar un curso en línea denominado “Educación Media Superior: Retorno Seguro”, con valor curricular y con una duración de 10 horas. Del curso me llama poderosamente la atención los tres filtros por los que el educando debe franquear.

El primero de los filtros es el de casa. Los padres de familia deben asegurar que su vástago observe los protocolos sanitarios, como el uso del cubrebocas y que  no presente alguna complicación de salud, si se presenta alguna situación irregular no deberá enviarlo a la escuela.

El segundo filtro es el del centro escolar, padres de familia, maestros y personal de apoyo vigilarán que los alumnos que ingresen se encuentren en condiciones de salud óptimas, se aplicará gel antibacterial y —en caso de que algún alumno presente algún síntoma— será aislado y se citará a padres o tutores para la atención médica correspondiente del afectado.

El tercer filtro estará instalado en el aula. El profesor instará a los alumnos a observar los protocolos de salud para disminuir los riesgos, guardar la sana distancia, aplicación de gel antibacterial, evitar el saludo de mano, entre otras medidas.

Mi pregunta versa en torno al cuidado que muchos padres de familia no tendrán con sus hijos. Algunos alumnos llegan a los centros escolares casi en ayunas, incluso los que asisten en el turno vespertino. Cada estudiante deberá llevar sus alimentos preparados desde casa porque no se brindará el servicio de tienditas o cafetería. Otro punto más importante es la cuestión de insumos, algunas escuelas apenas cuentan con el servicio de energía eléctrica, agua potable, servicio sanitario o internet.

Quizá en el preescolar y en primaria se pueden atender a los alumnos, en grupos reducidos, al menos un día a la semana. Ya en secundaria y preparatoria la cuestión cambia, por la misma dinámica de las asignaturas cursadas. Sin embargo, se puede gestionar la atención de subgrupos dependiendo de la necesidad académica del alumno, establecer horarios de atención, durante el transcurso de la jornada, hasta que la nueva normalidad se transforme en costumbre.

¿Y la cuestión pedagógica? Pero no como lo concibe el gobernador de Veracruz que apenas se da cuenta de la brecha, casi abismal, que se abre entre los que tienen y los menos favorecidos.

Al juzgar por su apología del regreso a clases, el titular del poder ejecutivo en Veracruz no ve, no sabe o no le importan las condiciones en las que se encuentran miles de planteles educativos a lo largo de la entidad que gobierna o no puede concebir la desigualdad que impera en el país. El rezago educativo no se resuelve con manualitos impresos o cuadernillos de trabajo. Falta mayor infraestructura escolar, recursos tecnológicos, equipo de cómputo para profesores y alumnos, entre otras herramientas educativas.

Es cierto que el regreso a clases detonará la generación de empleos, el movimiento económico será más evidente, el traslado de los padres de familia y de estudiantes le dará al sector mayores ganancias, las papelerías volverán a surtirse. En suma, crecerá la economía.

Lo importante es responder a las necesidades y retos de la educación en estos días. Las autoridades tuvieron más de un año para pensar y gestionar los recursos para el regreso a clases y tal parece que lo quieren resolver con filtros, gel antibacterial, la sana distancia o tomando una escoba para barrer el patio. Porque el alumno en el aula les quitará la exigencia de los recursos tecnológicos que la formación académica demanda.

Necesitamos regresar al aula, pero seguros.